Reseña de Notes on Conceptualisms. Lecciones sobre crítica, práctica en el siglo XXI

Review of Notes on Conceptualism. Lessons on Criticism, Practice in XXI Century


Autora: Alethia Alfonso ((Alethia Alfonso obtuvo su doctorado en Birkbeck College, University of London, bajo la supervisión de William Rowe. Ha invetigado sobre Jorge Eduardo Eielson, y tiene particular interés en la literatura, arte visual y sonoro. Ha participado en conferencias en Chile, España y Reino Unido.))

(Birkbeck College, University of London, Londres, Inglaterra)

E-mail: ala.zurrumakatu@yahoo.com




RESUMEN
En esta nota se reseña Notes on Conceptualisms, de Vanessa Place y Robert Fitterman. Se revisan algunos conceptos desarrollados en este libro, como la alegoría, la apropiación y la institucionalización de los soportes poéticos. Finalmente, la autora reflexiona respecto a la aplicabilidad de estas lecciones más allá del campo de la poesía estadounidense.
Palabras clave: poesía conceptual, poesía estadounidense, poesía contemporánea, Vanessa Place, Robert Fitterman.
ABSTRACT
This note reviews Vanessa Place and Robert Fitterman’s Notes on Conceptualisms. Some concepts developed in the book, such as allegory, appropiation and institutionalization of poetry media, are explained. Finally, the author reflects upon the applicability of these lessons beyond the field of the American poetry.
Keywords: Conceptual Poetry, American Poetry, Contemporary Poetry, Vanessa Place, Robert Fitterman.





¿Han escuchado el término libre improvisación? Es el nombre con que algunos músicos de jazz de vertiente innovadora catalogan sus piezas, en el entendido que el free jazz pertenece al pasado de las innovaciones y escuelas musicales. Los libre improvisadores intentan mantener sus composiciones y procesos creativos al día, sin menospreciar la herencia de la vanguardia. Mantienen “la inquietud permanente”, como diría Augusto de Campos. Justo estas características de la libre improvisación convergen en la editorial neoyorquina, Ugly Duckling Presse. La editorial independiente toma su nombre del cuento “El patito feo y tiene una historia que data desde 1993, pero cuya forma como se conoce hoy empezó con el cambio de siglo.

Tengo el proyecto de reseñar tres libros de UDP, y empezaré aquí con Notes on Conceptualisms de Vanessa Place y Robert Fitterman. Sobre los autores cabe decir que Place es abogada y codirectora de Les Figues Press. Ha publicado colecciones de poemas que ella misma cataloga como escritura conceptual (“conceptual writing” es el término original). Robert Fitterman ha escrito más de diez libros de poemas, incluyendo Metropolis 1-15 (Sun & Moon Press), Libro del Año (2003) según Small Press Traffic. También fue coautor del filme What Sebastian Dreamt (2004) compartiendo créditos con Rodrigo Rey Rosa en el Festival de Sundance. Fitterman asegura que la invitación al diálogo, por pequeño que sea el número de participantes, es preferible y permite de hecho la continuación del experimentalismo.

La idea detrás de NoC se documenta en el prefacio. Más que un texto definitorio y excluyente, el libro busca congregar notas y cuestionamientos sobre la escritura conceptual. Como primera señal de labor crítica, hacen hincapié en lo peligroso que es llevar el apelativo “conceptual” dada su condición histórica ligada a las vanguardias del siglo XX. Place y Fitterman buscan revitalizar el término al hacerlo plural (“conceptualisms”) e incluir estrategias que a su parecer son ejemplos de escritura conceptual. Para redondear el libro, “Ventouses” de Place se incluye después de NoC, además de un apéndice de autores y libros que representan las estrategias de escritura mencionadas a lo largo del texto.

El texto consta de trece puntos de los cuales derivan notas y salen a relucir ejemplos, así como los puntos débiles. De acuerdo con ellos, la escritura conceptual es primeramente una alegoría que depende del lector para completar la construcción de una idea. Recalcan que “symbolism derives from an Idea, while allegory builds to an Idea” (14). La diferencia entre el simbolismo como decantado de una idea y la alegoría como creadora de la idea es vital para entender por qué Fitterman y Place marcan preferencia por la alegoría. En un poema hipotético, la escritura simbolista buscaría plasmar la idea, de una forma un tanto platónica. Es decir, la noción de belleza estaría expresada en un poema que deriva de ella. Mientras que en la escritura alegórica articularía la misma idea sin tenerla como esencia inalcanzable. Lo anterior refuerza la idea de incompletud en la alegoría, haciendo notable la inclusión de la escritura como “figural object to be narrated” (15). Pensar en la diferencia entre alegoría y simbolismo con los símiles: lechuga y aguacate (palta) ayuda. La primera es la alegoría porque crea con cada una de sus capas una idea que requiere del refuerzo del lector para completarse. El símil de la palta en cambio confía en el núcleo (la idea) del cual deriva la escritura. Habiendo dicho esto, queda por agregar que las distinciones entre simbolismo y alegoría pueden remontarse al debate entre idealismo y materialismo, sea por obra de simplificación de quien hace el resumen o porque pocos críticos han sabido separarse de los conceptos clásicos.

Place y Fitterman continúan el recuento y mencionan la apropiación (piratería) como otra forma de alegoría, donde pesa más el modo de producción y post-producción que la materia prima del texto. También advierten sobre las raspaduras a la ética implicadas en la apropiación. De estos pronunciamientos se deriva que la apropiación es sinónimo de replanteamiento (reframing) y deseo por replicar una acción o texto. Dado el caso, la estrategia de apropiación hace de las escrituras conceptuales performances pre- y post-textuales. Al primero lo clasifican como abierto, dado que es la idea la que sirve como modelo y solo se constriñe a partir de una estrategia. Lo post-textual califica como cerrado porque es el resultado de una estrategia que disminuye posibilidades performativas.

También diferencian entre conceptualismo puro e impuro. El puro devalúa la lectura tradicional del texto por encumbrar la idea entorno al mismo; el impuro cuyo extremo es el barroco “exagerates reading in the traditional textual sense” (25). Ambos llegan al mismo extremo: refleja el uno y es derrotado el otro por “easy consumption/generation of text and rejection of reading in the larger culture” (25). El consumo fácil de la escritura constituye una columna contra la que colisionan Fitterman y Place constantemente. Por un lado, es considerado un intento fallido: “these are strategies of failure”; por el otro los escritores aceptan que la falla “invites the reader to redress failure, hallucinate repair” (25). Exitosa y/o fallida, las estrategias orientadas a los conceptualismos tienden a caer en los lectores, de ahí la conexión con las vanguardias históricas que buscaban mayor participación por parte del público.

Para continuar con las clases de apropiación, dividen las técnicas entre aquellas que “elevate the banal . . . and works that level the elevated” (28). La distinción recuerda las clasificaciones que Marjorie Perloff comenzó a realizar en torno a la poesía del siglo XX (véase Radical Artifice y Poetry On and Off the Page). No obstante, Place y Fitterman lanzan preguntas en lugar de favorecer uno u otro método. Concretamente hacen notar “to what degree the authorial framing of text as art removes aesthetic control from the reader . . . to what degree has art removed aesthetics from ethical consideration?” (29)

El libro continúa con el recuento de estrategias de construcción y constreñimiento (“construction and constraint”) a propósito de una cita de Kenneth Goldsmith: “in conceptual writing . . . what matters is the machine that drives the poems construction” (30). Goldsmith impulsa el uso de tecnología, y ser uno de los artífices detrás de Ubu Web lo respalda como tal. Place y Fitterman llevan al extremo el uso de la máquina al plantear el ejemplo de los poemas escritos a partir de un motor de búsqueda o máquina externa (Google y el grupo Flarf). Derivado de éste y otros ejemplos, equiparan la producción en la era industrial con la simulación, que es reemplazada por el medio de expresión. Dicha estrategia no escapa a los cuestionamientos. Los autores admiten que la escritura alegórica puede caer en la alienación: “when work is play and play is work, our alienation is complete” (32). Lo explican al comentar que la combinación de investigación y juego (o composición) sugiere los mismos modos de (im)producción y (a)significación. Con ello conducen desventaja y ventaja al mismo origen: “conceptual writing reinserts the malignancy while re-enacting the purge” (33), tras citar a Zizek (The Puppet and the Dwarf). Si entiendo bien, la escritura conceptual lleva tanto la alienación como la separación ocio-trabajo. Y es que si la práctica de la alegoría desluce la separación entre ocio y trabajo, (re)crea al mismo tiempo el sentido de objeto en la escritura. No tanto por el uso de la materialidad cuanto por la creación de su fetiche (“promise of fetish”); por ejemplo la creación de sitios web para hacer poemas a partir de la búsqueda de una palabra o frase en Google y la consecuente adopción del lector como nuevo primer intérprete (antes llamado autor) de la escritura.

Place y Fitterman describen que la escritura conceptual más que representación debiera tomarse como encarnación (“embodiment”), a su vez ésta debiera considerarse bajo los rubros de género (“gendered”) o raza. Llegan al extremo de los estudios de género y raza en sus sentidos post-coloniales y de minorías porque buscan demostrar que la representatividad puede ser sinónima de la significación o adquisición de significados. Lejos de atribuirle a la escritura contemporánea la falta de significado, Place y Fitterman consideran que el reto es otro: “there are no empty signifiers any more than there are empty selves” (35). La posible crisis de representatividad se debe al exceso de significados, que da la apariencia de una escasez de significantes o de entes para adosar significantes (“selves”). Una solución a la crisis retoma la dicotomía de cerrar o abrir el objeto. La escritura abierta es ilimitada en sus lecturas pero cerrada en los niveles de las mismas. Viceversa, la escritura cerrada limita las posibilidades de lectura pero abre los niveles de interpretación. Como se ve las dicotomías son lugares comunes en la explicación de los conceptualismos y también en las diferencias que desvanecen sus características contrarias. Quizá esta peculiar forma de dialogar haga más difícil de aprehender el texto. Fiel a la época donde el relativismo y la autocrítica son necesarios, NoC une la fuerza de los textos que citan con la fortaleza de la autocrítica (o su intento). Paradójicamente si los lectores no tienen las mismas lecturas e incluso la paciencia para seguir la lógica de los enunciados, el libro y sus notas corren el riesgo de ser malinterpretados.

Tras una digresión sobre Kant y su postulado “only the concept is permanent” (37), los autores remarcan sus diferencias con Kant y el conceptualismo (“only the concept . . . is”), al postular que en conceptualismos “only the concept ‘is’ . . . is permanent”). El verbo conjugado les permite escribir una de las premisas más audaces, la de “sobjetividad” (“sobjectivity”). El portmanteau junta la noción del yo (posible sujeto) tomado como inexistente y la práctica del objeto-sujeto en constante intercambio de roles y en diversos grados de interacción. Place y Fitterman citan textos y sus estrategias como ejemplos de sobjetividad para reforzarla, dado que no recibe la misma atención que las estrategias de escritura. Sin embargo, de ella vuelven a derivar la necesidad de pre- y post-textos en los conceptualismos. El término también sirve para reafirmar que los apoyos extratextuales hacen de la escritura conceptual un replanteamiento radical del mundo (“it exists—like the readymade—as a radical reframing of the world” (39)).

El punto diez del libro versa sobre la materialidad, que dividen en: prosodia, libro objeto/página objeto, lenguaje, textos externos y textos/texturas internos/as. En prosodia reiteran algunas técnicas de escritura conceptual: collage, pastiche, constreñimiento, procedimiento, performance, cita, documentación, apropiación. Coinciden en la dificultad para alcanzar una característica distintiva en estas formas de escritura: “conceptual writing may differ from its others insofar as it does not create a single voice or thematic constant from its constituent bits. . . . Also [it] may not differ from its others in any significant respect. This lack of distinction confuses literary technique or device with literary history” (45). Intentan salvar la dificultad con el argumento del lenguaje como punto de encuentro. Los ejemplos contemporáneos y la práctica de ambos logran salvar este postulado, al caer en cuenta que si bien “the medium is the meeting point . . . there may be multiple meeting points, which may or may not involve multiple media” (46). Este mismo punto se refuerza con ejemplos de desmaterialización que redoblan la importancia de la materialidad por vía negativa.

La penúltima premisa trata el rol de la institucionalización y la crítica institucional. Primero buscan la diferencia entre el arte conceptual cuya crítica a las instituciones fue absorbida por las mismas (y convertida en fetiche). Segundo, intentan diferenciar entre este episodio en la historia del arte y el desarrollo de la comunidad poética, en donde Place y Fitterman comienzan por asegurar que el capital económico y cultural es tan minúsculo que podría escapar de ser absorbido; aunque aceptan que la escritura conceptual no escapa de los medios masivos y los administradores del lenguaje (páginas web, blogs, etc.). Con todo y la división en editoriales pequeñas, ambos autores logran hacer una listado de eventos y entidades ya institucionalizados: la lectura, las series de lecturas, los materiales del curso, la introducción y los epílogos, la conferencia, el proyecto, el manifiesto, la escuela, la transparencia del lenguaje, la atracción por asociación, la propaganda, la escena, la situación, “la lírica corta de autodefinición”, el ahora (50-51). Son relevantes todas estas menciones porque localizan el nicho de la poesía y los conceptualismos dentro de la misma lógica de consumo y absorción de casi todas las actividades humanas. Por un lado, acepta que por pequeño que sea, ya existe un aparato institucional y un mercado; por el otro también corrobora la tensión entre la institución y la anti-institucionalidad inherente en los conceptualismos y experimentalismos (hecho que había sido tratado por Charles Bernstein en Artifice of Absorption). Place y Fitterman cuestionan también la aparente falta de normatividad (el “todo se vale”, diría Eduardo Millán) y preguntan si la sustitución de los autores por las autoridades es un índice de la falta de normas.

Finalmente ambos retoman las ideas de estética y ética unidos por un sujeto, quien para transmitir dicha unión transcribe un proceso narrativo, es decir crea elementos que permiten la conectividad. Tal vez emplean términos tecnológicos como conectividad para formar un vocabulario actualizado que no se circunscriba a las ideas clásicas de creación y uso del lenguaje poético. Citan el readymade como una técnica puramente estética, porque el objeto solamente existe como arte debido a la transcripción. Podemos entender por transcripción el proceso creativo y el uso de medios de expresión diversos (materialidad y multimedia) para plasmar una idea. Reiteran también que la transcripción es una falla, por ejemplo el uso de citas a medias, de ideas apenas desarrolladas caben en la escritura conceptual pero serían fallidas en un contexto general. Por esa razón, insisten en llamarle “glorious failure because among the crises catalogued by/in conceptual writing is a crisis in interiority. A crisis in interioriority is a crisis of perspective” (55-56). Y para terminar el libro, describen la normativa o perspectiva anterior como la dominante (masculina y mono-óptica). No sugieren un regreso a ese poder único, sin embargo hacen notar que una vez perdido el centro las normativas son relativas, las posibilidades ilimitadas pero no impositivas, es decir, jamás definitorias.

El libro finaliza casi como inició: “this is allegorical” (56). Si recordamos el sentido de alegoría como aquel de apertura, construcción de la idea con ayuda del lector y con una incompletud consecuente, entendemos por qué el libro era notas sobre conceptualismos. Lejos de una falsa humildad o una recopilación de ideas rápidas, los autores buscaban escribir sobre y ejercer prácticamente algunas ideas de conceptualismos. Por tanto, no podían ser categóricos ni oponer radicalmente sus conceptos.

Queda entonces para los lectores tomar este libro como un ejercicio y una referencia, pero no como un manual para analizar poesía y escrituras de otras latitudes o épocas. Una lección más, aprendida a mi entender desde Perloff, continuada por los L=A=N=G=U=A=G=E poets y ahora retomada por Fitterman y Place, consiste en leer con las herramientas y prejuicios que cada uno tenga, para sustraer y analizar la situación de la poesía norteamericana; y evitar reusar a pie juntillas las nociones e ideas de otros. No lo digo porque sean inaplicables, tampoco por el viejo chauvinismo que busca analizar lo latinoamericano a partir de latinoamericanismos. Lo digo porque corremos el riesgo de encorsetar actividades artísticas sin haberlas analizado a profundidad antes. La lección global de NoC no radica en la terminología o la guía de lectura sino en la agudeza del análisis que efectúan. Si bien deja como resultado partes crípticas y hacen incluso del libro un post-texto con referencias que van desde Mallarmé hasta el grupo Flarf, las notas y su forma de presentación resultan coherentes con sus postulados: son una alegoría, se necesita del lector para juntar las referencias, deshilvanar las contradicciones aparentes, crear un nuevo texto, una nueva crítica y una perspectiva diferente aplicable a otras poéticas, pero intransferible en cuanto a su terminología.

Es arduo sacudirse las vanguardias y más difícil intentar ejercer la crítica literaria sin parecer impositivos. Parecería que Fitterman y Place lo logran en Notes on Conceptualisms, aunque debo mencionar que hay términos que no aclaran y con el pasar de las hojas resultan indispensables: lenguaje, performance, medium (traducido como medio de expresión), fidelidad e infidelidad. Tal vez encuentren solución como elementos extratextuales y los lectores deban buscar en las poéticas de Fitterman y Place.

No podemos perder de vista que ellos dirigen su crítica a la poesía hecha en la lengua dominante, desde el país que todavía domina gran parte de la economía de los nuestros. Una vez más, no lo menciono con ningún afán antiyanqui, sino buscando la misma coherencia que los escritores tuvieron al realizar sus notas. Por ejemplo, ¿podemos como chilenos, argentinos y mexicanos evitar cuestionar el lenguaje y saltarnos a otros medios de expresión sin más? ¿Tenemos la misma lógica contra el consumo masivo? ¿Poseemos el mismo soporte institucional de la práctica poética como para declarar institucionalizadas todas las series de lectura, las páginas web y los materiales de lectura en las universidades? Tal vez las respuestas sean afirmativas, pero después de leer este texto, bien valdría la pena ahondar en las crisis interiores, como Fitterman y Place.






Bibliografía:

Place, Vanessa y Robert Fitterman. Notes on Conceptualisms. New York: Ugly Duckling Presse, 2009. Impreso.





Fecha de recepción: 12/7/11
Fecha de aceptación: 25/10/11







Citar como: Alfonso, Alethia. “Reseña de Notes on Conceptualisms. Lecciones sobre crítica, práctica en el siglo XXI.” Revista Laboratorio 5 (2011): n. pag. Web. <http://www.revistalaboratorio.cl/2011/12/resena-de-notes-on-conceptualism-lecciones-sobre-critica-practica-en-el-siglo-xxi/>