Da Vinci, Klein y Faz. Tres a/saltos al espacio

Da Vinci, Klein and Faz. Three a/ssaults to space


Autor: Iván Godoy (( Iván Godoy es artista visual y académico en diversas universidades. Junto a Yanko Rosenmann ha desarrollado una serie de proyectos interdisciplinarios en torno a figuras míticas de la aviación chilena, como el Teniente Bello, y ha dirigido los documentales No todo lo que sube tiene que bajar (2007) y Sánchez Besa, poeta del aire (2010). ))

(Universidad Diego Portales, Santiago, Chile)

Email: chilenodel59@manquehue.net

RESUMEN
A partir de las experiencias sobre el vuelo, entendido como acto de salto, caída y por último, de elevación simbólica del ser, el autor reflexiona entorno a la obra de tres artistas Da Vinci, Klein y Faz. Uno de los primeros intentos de vuelo fue protagonizado por Leonardo Da Vinci, quien reflexionó más bien en “cómo volar” lo que más tarde permitiría la creación de dispositivos tecnológicos como el avión. En Yves Klein, en cambio, el acto de volar se convierte en la “elevación”, lo que le otorga un nuevo sentido al trágico salto del pintor chileno Carlos Faz.
Palabras claves: Vuelo, Salto, Vacío, Leonardo Da Vinci, Yves Klein, Carlos Faz.
ABSTRACT
From the experience on the flight, understood as an act of jumping, falling and finally a symbolic lift of being, the author reflects around the work of three artists Da Vinci, Klein and Faz. One of the first flight attempts was played by Leonardo Da Vinci, who reflected more on “how to fly”, which later lead to the creation of technological devices such as aircraft. In Yves Klein, however, the act of flying becomes the “elevation”, which gives new meaning to the tragic jump Chilean painter Carlos Faz.
Keywords: Flight, Jump, Emptyness, Leonardo Da Vinci, Yves Klein, Carlos Faz.


A Carlos Faz y la memoria aérea de Chile


Antes de escribir sobre seres que pueden volar,
tratemos acerca de las cosas inanimadas que descienden
por el aire sin necesidad de viento y también sobre
las que descienden con la ayuda del viento.
(Leonardo da Vinci)



El salto a la posteridad

Porque un joven ha muerto
pido que me demuestren, una vez más, el valor de la vida,
antes de que este cielo de octubre me haga bajar los ojos
hacia una tierra en ruinas
y el canto de los pájaros y el canto de los niños se confundan
en un mismo lamento en lo alto del coro
y las flores de octubre sean los incensarios que me envuelven
con su perfume húmedo y oscuro.

Tú y yo lo conocíamos,
no tenía el deseo de morir, ni la necesidad, ni el deber
de morir,
era como nosotros o mejor que nosotros:
un hombre entre los hombres, alguien que día a día hizo lo suyo:
reflejar el mundo,
amar a la mujer, intimar con el hombre,
dar cuerda a su reloj,
transfigurar el mundo.

Obsérvense sus cuadros;
he aquí los espejos que retienen el aire del ausente,
su imagen en imágenes,
lo que de él permanece despierto en su vigilia absoluta
de objeto
en su fácil vigilia;
allí todo está en orden, en un orden secreto que no irrita,
en un orden que asombra: caprichoso y exacto, hostil y delicado,
vivo, vivo,
luminoso como una sola estrella.
(Enrique Lihn, “Hoy murió Carlos Faz”)



Lo más probable es que el poeta Lihn no haya reparado en la Pneumatología (( Término que proviene del griego Pneuma que significa espíritu, soplo, hálito, viento; y que metafóricamente describe un ser inmaterial y su influencia, y -logía, – tratado, estudio.)) para explicar la trágica muerte del pintor Carlos Faz, en lo que respecta a lo que vuela, a lo que se eleva y a lo que recae. No se trata de un problema de fe, sí de religión (religare: relación de dependencia que «religa» al hombre con las potencias superiores y su destino). Pocos datos nos otorga la crónica de la época sobre el pintor como de lo ocurrido aquel fatídico 3 de octubre de 1953. Según narra la prensa de la época, Faz haciendo uso de la Beca Helen Wessel y Henry and Grace Doherty Charitable Foundation, se habría embarcado de vuelta desde Nueva York, donde por dos años seguidos habría sido alumno del prestigioso Taller 17 de William Hayter, en donde, entre otros, compartió con Yves Tanguey y Max Ernst. De vuelta a Chile, y mientras hacia escala en Nueva Orleáns, no bajó del barco. Sin embargo, al zarpar éste, mientras Faz contemplaba la silueta de la ciudad, mientras atardecía, tomó la temeraria decisión de saltar de la cubierta del barco al muelle, con tan mala suerte que no alcanzó a caer de pleno al embarcadero, cayendo al agua y siendo alcanzado por las hélices del barco, que ya en ese instante zarpaba con rumbo a Panamá, quedando su cuerpo destrozado, flotando sus miembros en el río Missisipi de Louisiana… ¡atroz! ¡horroroso!

Conmueve y sobrecoge el relato de Lihn, la evocación del amigo, del joven que tenía todo un futuro. De una generación que perdía a uno de sus más queridos camaradas. Sin embargo, al cumplirse 56 años de aquel fatídico suceso, se hace pertinente preguntar:

¿A qué y a dónde saltó Carlos Faz?

A modo de marco referencial, citemos a Bachelard:

¿Donde está lo real: en el cielo o en el fondo de las aguas? En nuestros sueños, el infinito es tan profundo en el firmamento como bajo las aguas. Nunca será demasiada la atención que prestemos a estas dobles imágenes como la de “la isla estrella”, dentro de una psicología de la imaginación. Son como bisagras del sueño que gracias a ella, cambia de registro, cambia de materia. Aquí, en esta bisagra, el agua sube al cielo. El sueño le da al agua el sentido de la patria más lejana, de una patria celeste. (53)



El salto de la torre

El salto o impulso a los aires es el primer gesto para el vuelo, fue seguramente Jean Buridan (1300-1358), filósofo y religioso francés, su primer teórico. Buridan fue uno de los más famosos e influyentes filósofos de la Edad Media tardía. Hoy está entre los nombres menos conocidos del período. Una de sus contribuciones más significativas fue desarrollar y popularizar la teoría del “ímpetu”, que explicaba el movimiento de proyectiles y objetos en caída libre. Esa teoría abrió el camino a la dinámica de Galileo y al famoso “principio de la inercia”, de Isaac Newton. Fue durante el Imperio Bizantino, donde se afirmó la teoría del plano inclinado, principio científico de la aeronáutica moderna. Siendo emperador Emmanuel Comneno (67 d.C.), un sarraceno saltó desde la torre del hipódromo de Constantinopla consiguiendo planear unos segundos. La Edad Media está plagada de ejemplos de estos “saltadores de torres” que, en la mayoría de los casos, no conseguían más que romperse alguna que otra costilla. Según cronistas árabes, en el siglo IX Abul Abás Kasím Ben Firnás, nacido en Ronda hacia el 800, mandó tejer una gran túnica de seda con unos largueros de madera articulados, que se podían mover y abrir de forma similar a unas alas. Con ella se lanzó desde la Ruzafa y descendió planeando un largo trecho. Por otro lado, en el siglo XI, un monje de la abadía de Malmesbury, de nombre Eilmer, fabricó un arnés que se fijaba con correas al torso y que llevaba alas. Con él se tiró desde lo alto de la torre de la abadía estrellándose contra el suelo.

1-minarete-de-la-mezquita-de-cardoba2 (Minarete de la Mezquita de Córdoba) ((Desde donde Abbás Ibn Firnás realizó su primer salto. 600 años antes que Leonardo de Vinci, Abbas ibn Firnas ensayó una máquina voladora individual. Con un par de alas y un traje cubierto de plumas se lanzó al aire desde la Ruzafa cordobesa; se mantuvo largo rato y aterrizó violentamente, fracturándose ambas piernas. Firnas hace “fe en su arte” al saltar al vacío desde 40 metros, un saber basando en la visión y en la experimentación hacen del artista uno con el destino de su obra.))


A mediados del siglo XIII, Roger Bacon asegura en uno de sus libros –titulado De las fuerzas maravillosas del arte y de la naturaleza– que existen unos instrumentos que permiten al hombre volar como las aves y que sabe quién las inventó, reservándose todos los detalles y sin especificar nada más. El pintor Pietro Perugino preparó unas alas con las que en 1494 se tiró desde una torre de la plaza mayor de Perusa para festejar una boda. Estos “saltadores de torres”, a pesar de sus espectaculares actuaciones, poco contribuyeron al avance tecnológico de los primeros vuelos, pero sí representaron fielmente el ímpetu medieval que pugnaba por un destino aéreo.

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(Eilmer de Malmesbury ((William de Malmesbury, Historiador y teólogo Benedictino del siglo XII escribe en su libro De Gestis Regum Anglorum (Escritura de los reyes ingleses), un largo episodio respecto a su tío “Eilmer de Malmesbury”. Según cuenta, su tío, habría sido un destacado monje benedictino también, apasionado por las matemáticas y la astronomía. Eilmer, según William, habría sido fuertemente impresionado por Las Metamorfosis escrita XII siglos atrás por “Pluvio Ovidio Nason”. En particular, el libro VIII habría causando profunda impresión en Eilmer. En este se narra la épica de Dédalo e Ícaro. Cautivado por el vuelo, y tras los pasos de Dédalo, Eilmer habría construido un par de alas, siguiendo el modelo de las del murciélago. Decidido en su empresa, Eilmer habría subido al punto mas alto de la torre principal de la “Abadía de Malmesbury” y se habría lanzado “por el aire” (cielo), embriagado, extasiado, en pos de su sueño de volar. Según narra William, Eilmer habría alcanzado su sueño, en cuanto y en tanto al planear; recorriendo un gran trecho como un “Quiróptero”, para acabar estrellándose (llenándose de estrellas) en tierra, con la consecuente fractura de ambas piernas. En la imagen se puede apreciar al monje con su ingenio en las manos y atrás elementos alquímicos que apelan a la transmutación de la materia. El “salto al vacío” de Malmesbury, conllevaba la “artesanía de la embarcación” para la travesía en los aires. La metáfora del vuelo como metempsicosis apelara a la aeronave como el Psicopompo en el fuego alquímico.)). Vidriera nave lateral derecha, Abadía de Malmesbury (siglo XIII))

El salto de la razón

Seguramente fue Leonardo da Vinci la primera persona que se dedicó seriamente a proyectar una “máquina” capaz de volar autónomamente. Da Vinci diseñó planeadores y ornitópteros, que usaban los mismos mecanismos usados por los pájaros para volar, a través de un movimiento constante de las alas para arriba y para abajo. Sin embargo, nunca llegó a construir tales máquinas, pero sus diseños se conservaron, y posteriormente, ya en el siglo XIX y siglo XX, uno de los planeadores diseñados por Leonardo da Vinci fue considerado digno de atención. En sus primeros proyectos de aeroplanos el piloto estaba acostado mientras que en los posteriores ya estaba de pie. Siempre han causado asombro las impresionantes dimensiones de sus ingenios volantes. La envergadura de sus ornitópteros podía llegar a un máximo de 18 m. Los timones debían colocarse en la cabeza del piloto por medio de la cual el ingenio podría ascender, descender e incluso modificar sus propias dimensiones.

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(Estudio para ala artificial (detalle). Leonardo Da Vinci ((Leonardo da Vinci, que había estudiado las leyes de la dinámica de fluidos, intentaba traspasar grandes verdades teóricas al vuelo partiendo de los conocimientos adquiridos. No solo refutó la opinión reinante en su época, según la cual el aire no ofrece resistencia, sino que fué el primero en investigar los factores más importantes de la estabilidad de vuelo y definió antes que nadie problemas del centro de gravedad. Definió el “ímpetu” como aquella opuesta fuerza al “vacío” y por la cual se vuela: “El ímpetu es una fuerza transmitida del instrumento propulsor al objeto movido y mantenida por la onda del aire en el interior del aire que produce el propulsor. Arranca del vacío que se produciría, en contra de la ley natural, si el aire que esta enfrente de él no llena el vacío, haciendo que se escape el aire, que es empujado de su sitio por dicho motor.” (266).)).
Códice Atlántico, Manuscrito B, Folio 74 recto)


Para volar se necesita atestiguar dos miradas por lo menos, una, la del que logra volar –mirada desde arriba– y la otra, del que atestigua el vuelo –mirada desde abajo-. En el caso particular de Leonardo se dan ambas en un mismo sujeto. Su mirada desde arriba, más allá de la perspectiva a vuelo de pájaro –que él manejaba– adquiere un carácter particular, al llevar, el punto de vista, más allá de cualquier alto lugar de apoyo (montaña). Es decir, retratar/cartografiar cenitalmente un paisaje con la perspectiva del que vuela. Así lo atestiguan sus innumerables ilustraciones, unas como mapas (cartografía topográfica), las otras como retratos (la tierra como un ser vivo). Su mirada desde abajo, a lo que vuela, particularmente, “al vuelo de las aves”, esta profusamente documentada en los diversos códices.

De que Leonardo logró volar es un hecho. Lo que nos puede intranquilizar es no saber cómo lo hizo, es saber que sus máquinas “razonablemente” no pudieron hacerlo. El cómo voló, es cosa aún a dilucidar. El énfasis, en Leonardo, no estaría en qué se vuela, sino más bien en el cómo se vuela, el cosismo tecnológico es simplemente uno de los tantos medios del dispositivo mental para el vuelo, que a partir del siglo XIX se desarrollarán con mayor fruición para dar luz al avión. Sin embargo en Leonardo, más allá de sus invenciones, prevalecerá un severo programa para el vuelo, el cual desarrollará al alero de una interrogante fundamental para su empresa: “¿Qué debo hacer para volar?” En este sentido el salto en Leonardo llevará aparejado la empresa de la observación y del cálculo, modelo de la experimentación científica en el renacimiento. El ímpetu será la fuerza motriz a medir para conseguir la sustentabilidad del vuelo, asunto que dará un giro radical a la empresa del hombre por el aire: “El ímpetu es la impresión de un movimiento local transmitido por el motor al móvil y mantenido por el aire o por el agua al moverse para evitar el vacío” (Da Vinci 267).



El salto al vacío

Inventar un aeroplano no es nada,
construir uno ya es algo,
y volar,… ¡lo es todo!
(Otto Lilienthal)

El vuelo es la acción de volar. Acción ejercida por el ímpetu y su primer movimiento “el salto”. En este sentido, el volar sería una consecución pasajera del salto en cuanto el destino de lo que se eleva sería su recaída, en cuanto y en tanto la gravedad opere en los cuerpos. Señala Bachelard al respecto:

La caída imaginaria sólo conduce hasta las metáforas fundamentales a una imaginación terrestre. La caída profunda, la caída en las simas negras, la caída en el abismo, son casi fatalmente las caídas imaginarias en relación con una imaginación de las aguas o, sobretodo, con una imaginación de la tierra tenebrosa. (26)

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(Francisco Goya ((“Así para muchas imaginaciones, el murciélago es la realización de un mal vuelo, de un vuelo mudo, un vuelo negro, un vuelo bajo. El murciélago es en la cosmología alada, el ser maldito que personifica el ateísmo. Está en lo más bajo de la escala, mas bajo que el búho, el cuervo, el buitre, el águila” (Bachelard 96.)), “Modo de volar” ((En el grabado “Modo de volar”, aparece nuevamente la visión mitológica del vuelo para Goya, el “ingenio”, en forma de pájaro que tripula el hombre que vuela, es “altamente razonable”, digno de una persona “ilustrada”, sin embargo no es una “reflexión técnica para el vuelo” o “un estudio para el movimiento y la mecánica de las alas”. Goya se esmera en reproducir el “gesto” del hombre que vuela, sin embargo las alas no tienen el mismo nivel de detalle, no podemos identificar qué clase de pájaro es, aunque Goya nos muestre su cabeza, de hecho las alas, no pertenecen a un ave, sino más bien a un murciélago.))
(Disparate no. 13, 1815-1824). Aguafuerte y aguatinta. 24,5 x 35 cm))


En otra operatoria, la de la metafísica y la de la “metempsicosis”, la palabra será la alada y la voz su salto a lo aéreo: “Si se pronuncia la palabra alma en su plenitud aérea, con la convicción de la vida imaginaria, en el tiempo justo en que se ponen de acuerdo la palabra y el aliento, se comprenderá que sólo adquiere su valor sonoro exacto al extinguirse el aliento” (Bachelard, 296).



Saltar

1. intr. Levantarse del suelo con impulso y agilidad para elevarse y volver a caer:
saltó para verle entre la multitud.
2. Arrojarse desde una altura:
saltó del trampolín.
3. Salir un líquido hacia arriba con ímpetu, como el agua en el surtidor.
4. Romperse o abrirse violentamente una cosa:
saltar una costura.
5. Desprenderse una cosa de donde estaba unida o fija:
saltar un botón.
6. Lanzarse en ataque sobre alguien o algo:
los atracadores saltaron sobre él.
7. Manifestar algo bruscamente, por lo general como reacción a alguna cosa:
saltas a la mínima observación.
8. Ascender a un puesto más alto que el inmediatamente superior sin haber ocupado este:
saltó a la dirección sin pasar por la subdirección.
9. Destacar por la limpieza:
tiene la cocina que salta de limpia.
10. DEP. Salir los jugadores al terreno de juego:
los dos equipos saltaron al campo.
11. tr. Salvar de un salto un espacio o distancia:
saltó la valla.
12. Pasar de una cosa a otra, dejándose las intermedias:
me he saltado un párrafo.
13. No cumplir una ley, reglamento, etc. También prnl.:
le multaron por saltarse un stop.
14. saltar a la vista loc. Destacar o sobresalir mucho:
la diferencia salta a la vista.

Pero…

¿Cuánto vacío hay en la palabra saltar?

¿Cuánto de aéreo hay en lo vacío?

¿Qué se dice cuando se dice caída libre de los cuerpos?

¿Qué tanta gravedad hay en este enunciado?

La fotografía no fue un elemento menor si de la historia del vuelo se trata. En este sentido Otto Lillienthal fue un gran precursor del volar en cuanto al registro y difusión de sus vuelos. Fotos de sus proezas en aeroplanos fueron publicadas internacionalmente e influenciaron la opinión pública y científica sobre la posibilidad de que una máquina de volar llegase a ser una realidad posible. Lilienthal experimentó, a menudo acompañado por su hermano Gustav, con planeadores que evolucionaban de acuerdo a los movimientos del cuerpo del piloto y que hacía volar lanzándose desde una colina artificial que construyó cerca de Berlín. Trabajando conjuntamente con su hermano, realizó más de 2000 vuelos en planeadores de su diseño, que comenzaron en 1891 con su primera versión del planeador, el Derwitzer. Lilienthal sufrió un gran número de accidentes en sus experimentos, pero su planeador podía alcanzar solamente velocidades y altitudes bajas. El 9 de agosto de 1896, sufrió un grave accidente, precipitándose desde 17 metros de altura, y rompiéndose la columna vertebral. Falleció al día siguiente en una clínica de Berlín, siendo sus últimas palabras “Opfer müssen gebracht werden!” (“¡Es necesario que haya sacrificios!”).

Acaso… ¿el espacio del sacrificio es el espacio del vacío? ((El ángel es un ser etéreo presente en las creencias de muchas religiones cuyo ímpetu y salto es asistir y mediar entre lo humano y lo divino. Según las tres principales religiones monoteístas, los ángeles actúan típicamente como mensajeros. Más específicamente, en el Cristianismo, el término ángel hace referencia a la categoría más superior de las nueve en que tradicionalmente se dividen los seres angélicos. No deja de ser curioso el desarrollo de las aeronaves de Lilienthal y la construcción escenográfica para el vuelo de las mismas. Sus aeroplanos se desarrollan alados, es decir, como una prolongación ósea de nuestro cuerpo. La figura del hombre pájaro evoca aquellas primeras deidades aladas griegas, que al igual que Lilienthal y su colina, bajaban desde el Olimpo para interactuar con lo humano. Así dispuesto el soporte para el vuelo podemos afirmar que el salto de Lilienthal apela inefablemente a la recaída, más que a la altura en la empresa, se apela a la longitud del salto.))

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(Registros fotográficos de los vuelos de Otto Lilienthal (1895))



El salto “en el” vacío

Dos aspectos fundamentales habrían de marcar la obra del artista Yves Klein (1928-1962). Uno acaecido cuando apenas había cumplido 24 años y viaja a Japón por dos años para obtener el cuarto “dan” de su cinturón negro en Judo. Allí en la academia Kodokan en Tokio, Klein se interiorizará de la filosofía Zen en la cual el concepto de vacío es fundamental:

Cuando me oís hablar del vacío, no te aferréis a ello, y sobre todo no os aferréis a ninguna idea sobre ello. Con sólo permanecer inmóviles, con la mente en blanco, caeréis en el vacío de las ideas. El vacío sin límite del cielo abarca las “diez mil cosas” de todas las formas y estructuras: el sol, la luna y las estrellas; las montañas y los ríos; los árboles y los arbustos; la gente buena y la gente mala; las buenas enseñanzas y las malas; los cielos y los infiernos. Todo ello está incluido en el vacío. El vacío de vuestra naturaleza original es así. También lo abarca todo. En este sentido se le puede aplicar la palabra “grande”. En vuestra naturaleza original esta incluido todo y todas las cosas. (Bancroft 15)

El otro evento a destacar fue lo ocurrido para su cumpleaños número 30:

La exposición de Le Vide se había planeado para el 28 de Abril de 1958, coincidiendo con el 30 cumpleaños de Yves Klein y por la noche se celebró el final de este singular acontecimiento artístico con la familia y con los amigos íntimos en el restaurante frecuentado por los artistas de “La Coupole” en Montparnasse. Yves Klein recibió aquella noche de regalo el libro L´air et les songes (El Aire y los Sueños), publicado por el filosofo francés Gastón Bachelard en 1943 en París, cuyas reflexiones sobre el reino del aire, el azul ultramarino y el vacío como materia de la que están hechos los sueños, fueron recogidas por Klein en sus escritos y obras. (Weitemeier 32-33)

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(Clavados en “La Quebrada” ((Desde trepar el acantilado hasta la oración a la Virgen de Guadalupe en su altar sobre el acantilado, antes del salto… todo esto se realiza como parte de una tradición. Los clavadistas más experimentados saltan desde 45 metros de altura. El truco del clavadista consiste en sincronizar su salto con una ola para garantizar que habrá suficiente agua debajo porque la ensenada tiene escasos 4 metros de profundidad. Esto es más difícil de lo que uno pudiera pensar, deben tomar en consideración el tiempo de caída, la velocidad del viento y la altura de la ola. La tradición de La Quebrada se remonta a 1934, cuando dos vecinos de Acapulco se retaron para demostrar su valentía. Ambos decidieron medir sus fuerzas arrojándose al mar desde lo alto de un acantilado, en un paraje que acababa de ser creado artificialmente al dinamitarse un cerro cercano. La rivalidad entre aquellos dos hombres desembocó primero en un espectáculo temerario, y después en una forma de ganarse la vida. Nacía así el mito de La Quebrada, que hoy es casi una religión. Aunque los clavados han evolucionado mucho, sus secretos siguen siendo básicamente los mismos. «El saltador debe dominar su miedo y también la altura»)), Acapulco, México.)


Klein desarrollará una obra que gira en torno a estos dos ejes: el vacío y el azul; tanto así que se hará autollamar “Yves el monocromo”. Una obra en particular de Klein llama la atención: “salto en el vacío”, fotomontaje de un salto suyo en el espacio. Como buen profesor de Judo, practicó mucho el “salto en sí”, cambiando el tatami por sus alumnos que lo cogían en su caída. Esta obra fue emblemática para los performers de los 60, como describe lúcidamente Pierre Ardenne:

El 27 de noviembre de 1960: Yves Klein, El pintor del espacio se lanza en el vacío! La imagen es conocida: un icono artístico del siglo veinte. Desde el techo de una casa situada al lado de una calle, un hombre se lanza en el vacío, Yves Klein en persona, el maestro de obra de la celebre exposición Vacío, en Paris un año antes, aquel también, de los monocromos azules, así como de las Antropometrías, telas resultantes de la utilización por el artista, de mujeres desnudas a la epidermis humectada de pintura como pinceles vivientes. Yves Klein se lanza en el vacío. Este fotomontaje (ya que se trata de una fotografía retocada) aparece en la portada de Dimanche, Journal d’un seul jour, una publicación efímera donde el artista es el único redactor. Un diario, Domingo.Una foto en su portada. Un título en letras grandes, produciéndose en lo sensacional, “El pintor del espacio se lanza en el vacío”.

Un evento, entonces. El evento mismo del cuerpo devenido gloria, desprendiéndose de la pesadumbre, en ruta por la conquista del espacio. Observemos bien la imagen. El artista salta. Todo su cuerpo se relaja, brazos, tendones de los pies. Liberación de energía. Bajo él, la vereda, la calle que se enfila. Él se lanza. ¿Y su cuerpo? Aquel de un bailarín, corriendo sobre las estrellas. Cuerpo sonriente, exaltado. ¿Saltar como cayéndose para terminar? No. El cuerpo más bien parece elevarse. Elevarse: atengámonos al título de la obra -“en el vacío”. Un salto como el equivalente de la asunción cristiana. Ese “vacío” alrededor del cuerpo, delante de él, cómo comprenderlo? Como una falta de materia, lugar libre de partículas, nada de donde afirmarse, caer como caen los ángeles derrotados de Bruegel, en una caída que no detendrá más que el impacto sobre la primera materia venida, ¿con la destrucción por consecuencia? No es seguro. Miremos mejor. El cuerpo de “Yves el monocromo”. ¿Él va emprender su vuelo al vacío? ? Para él deviene a este universo no ofreciendo ninguna resistencia, que se recorre sin esfuerzo, moviéndose con propiedad, de una simple impulsión de su voluntad, de un gesto eficaz poniendo en correspondencia demanda y efecto. Y aquí, por extensión, un espacio de acogida absolutamente penetrable, sin ningún lugar para la noción de dificultad físico-mecánica. Este mismo espacio, lo habremos comprendido, donde la gloria del cuerpo puede ofrecerse sin igual. Está el cuerpo y el vacío, demás está decirlo: aquella materia sola, el cuerpo, y nada en torno. Resplandecimiento. Los alrededores devienen anecdóticos. El cuerpo del artista, él solo, ha captado la atención, estructurado lo visible, condensado la energía. (10)

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(“Salto en el vacío”, Yves Klein ((“Con salto en el vacío -llamado por Yves Klein “El hombre en el espacio. El pintor del espacio se arroja al vacío” (láminas de arriba)- Fotografiado por Harry Shunk en 1960 en la pequeña calle Rue Gentil-Bernard en Fontenay-aux-Roses, a las afueras de Paris- Yves Klein escenificó un autorretrato de su universo artístico. El salto en el vacío se convirtió en un ícono del siglo XX” (Weitemeier 51).)))


Aquí no hay artefacto ni pluma, no hay aeroplano, no hay ángel, sólo lo humano devenido en su recaída, lo humano y el peso de la gravedad sobre la carne. Inefablemente el cuerpo de Klein caerá, sin embargo -lo que no repara Ardenne- es en aquel pequeño detalle de la mirada del saltante (detalle no menor si se le compara con la mirada del clavadista o de Lilienthal), en su salto enfoca el lugar de su caída. La mirada del saltante Klein es otra; enfoca / apunta hacia arriba, el salto en el vacío es un despegue cuyo destino está arriba.

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(“Sculpture aérostatique” de Yves Klein. Con motivo de la inauguración de la galería de Iris Clert, Klein suelta 1001 globos azules sobre el cielo de París, 1957)

Observando y considerando que la imagen de la izquierda es la única de “color azul” de este escrito, cabría preguntarse respecto a esta obra de Klein lo siguiente:

A- ¿Qué tan azul ultramar es?
B- ¿Qué tan azul cobalto es?
C- ¿Qué tan azul de Prusia es?
D- ¿Qué tan Azul Cerúleo es?
E- ¿Qué tan Azul Bermellón es?


El salto fantasma

Ciertamente que el salto de Faz es un salto fantasma en cuanto el legado que nos queda es tan sólo el recuerdo mitologizado de lo ocurrido, de su causa, del impulso primero, del ímpetu de Faz por el aire. El fantasma es al vacío, como el lleno es al presente, en este sentido el fantasma opera en la precariedad del relato restituyendo un sentido en el absurdo, sobre todo como es el saltar desde la cubierta de un barco.

¿A dónde salto Faz?
(3 hipótesis sobre el futuro de la pintura chilena)

1) Faz saltó al cielo de las hipótesis.
A los supuestos que se puedan argumentar como razón de su empresa aérea. Razón que a última hora es aquel impulso al cual llamamos decisión. Faz es una mirada.

2) Faz saltó a la posteridad permanente. En cuanto no haya una evidencia rotunda frente a la decisión de su salto, siempre estará abierta dinámicamente la conjetura. Faz es una conjetura.

3) Faz saltó al mito, al relato clandestino y especulativo que pretende entender lo ocurrido desde un sentido trascendente. Faz es un alma en pena.

¿A qué saltó?

Algo vio, algo lo llamó. Vibró su alma y de seguro miró el cielo. Saltó a llenar ese vacío que producen ciertos atardeceres melancólicos junto al mar…“Nada es tan insoportable al hombre como estar en pleno reposo, sin pasión, sin ocupación, sin divertimento, sin aplicación. Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío incontinente, saldrá del fondo de su alma el tedio, la negrura, el despecho, la desesperación” (Pascal 363).





Bibliografía:

Ardenne, Paul. L´image corps: Figures de l´human. Dans l´art du XX siecle. Trad. Álvaro Oyarzún. Paris: Éditions du Regard, 2001. Impreso.

Bachelard, Gastón. El Agua y los Sueños. México: Fondo de Cultura económica, 1993. Impreso.

Bancroft, Anne. Palabras de Hui-Neng, sexto patriarca Zen. Madrid : Editorial Debate. 1ª edición. 1979. Impreso.

Da Vinci Leonardo. Cuadernos de Notas. Madrid: Edimat Libros, 1999. Impreso.

Pascal, Blas. Pensamiento 672. En: Anzieu, Didier. El cuerpo de la obra. Siglo XXI editores. Madrid. 1ª edición, 1993. Impreso.

Weitemeier, Hannah. Klein. Taschen editores.1ª edicion. 2001. Impreso.



Fecha de recepción: 24/7/10
Fecha de aceptación: 31/8/10







Citar como: Godoy Contreras, Iván. “Da Vinci, Klein y Faz. Tres a/saltos al espacio.” Revista Laboratorio 4 (2011): n. pag. Web. <http://www.revistalaboratorio.cl/2011/06/da-vinci-klein-y-faz-tres-a-saltos-al-espacio/>